Pensaba en la verdad absoluta y se miraba frente al espejo, fue como
cada mañana, desconcertante. Aunque siempre era una cara diferente. Pareciera
que retaba a su reflejo. Sus reacciones combinaban el día mañanero con la
dificultad del próximo peinado. Y todo dependía del peine que se usaría hoy.
Llegábamos a la batalla inicial. Abría el cajón superior del
tocador, el coleccionador de peines. Aunque tu no podias ver el fondo de este y
en la acción de tomar el objeto la mano escondía la mitad de su presencia
dentro del cubo.
Se detenía y titubeaba. Se veía como que tomase uno u otro (sin
ruido, sin prisa, solo percibiendo el segundero y su caminar, el ruido de cada
paso) No sabrías por qué la decidia. A fin de cuentas y ella lo sabía. Solo era
uno. ¿por qué titubear? Uno pensaría que habría un centenar, un orden, un
catálogo, raramente existía solo uno. Luchando en la selva de telarañas, hilos
irrompibles, espadas que intentaba cortar perdían todo filo a mitad de acción.
Se rendían aquellas espadas a medio pasar en la espesa maleza. Retrocedían, lo
intentaban de nuevo, perdían una vez más y (retrocedían cada vez más). Poco a
poco lo nudos cedían ante (el filo de) los trinchetes. Pasaban días para que la
peineta pasara por todos estos hilos. Era la eternidad. Tenía mucha perspectiva
este significado, siempre era la misma pelea; era una discusión distinta cada
vez. Jamás se llegaba a un acuerdo. El repertorio de facies frente al espejo ya
tenía todo abarcado al perecer el ritual seguí a el ciclo. El tiempo se
consumía por cada intento de enredo, el problema no concluía a la mitad.
Pensaba ahora en el futuro, en (aquel) asiento trasero del auto,
meditaba, todo a su alrededor pasaba a su lado. <<Las cosas pasan por
algo>>-, se decía. Su semblante actual podría ser de enojo, frustración.
(permanecía con una pose sería, sin sentimiento, sin rostro) desesperación. (La
verdad) no se sabía con certeza. Podría ser cualquiera, podría ser ninguna.
<<El destino no nos dice que es lo que pasará pero si pasa por algo es
por el>> La mirada del chofer reflejada por el retrovisor era sentida por
ella. De vez en cuando devolvía la mirada. Era ella. Ella lo sabía. (Aunque en
realidad) no sabía que hacer ante esa mirada, de cuando en cuando regresaba a
ella y las primeras veces pasaban desapercibidas, (después) eran constantes ya
no sabía que hacer. La mirada del chofer ahora no había cambiado. Ella sentía
nerviosismo (incomodidad) había sentido como un pequeño sismo que pasase debajo
de ella. ¿Qué había pasado? (Creyó en verdad que el suelo se había sacudido)
que vería gente corriendo, que (saldrían patrullas a calmar a estas personas),
algunos pasarían rapidísimo, (se aligeraría el trafico al menos, llegaríamos
más rápido. El vehículo seguía quieto,
seguía su curso tranquilo, el chofer ya no le prestaba atención a su pasajero
aunque aun tenía la sensación, (esa incomodidad) de que la observaba
Otro borrador
Una noche
sin poder dormir y en la mañana la vida lenta. Como una placa de cemento sobre
mis párpados y en el esfuerzo de abrirlos una lágrima recorre el pómulo de mi
cansancio. De modo automático mis piernas responden solas , afortunadamente
saben el camino de ida, hacia mi destino. En mi imaginación solo mantengo mi
vista