La luz de la bombilla en el pasillo había y detrás de ella un gran desfile de ellas bailan. Bajo ellas mi cuerpo sigue su camino hasta llegar a unos escalones, la luz luminiscente quedo atrás y se formó un silencio. Dentro de éste, se escucha el aire que inhalo y exhalo, con mis pasos lentos y cada roce de la suela y el piso se que la noche se acaba. Cada que se acerca mi puerta mis pasos son cada vez más lentos, te buscan mientras el choque de la llave se junta a la cerradura y poco a poco abre la puerta para entrar en una cálida oscuridad.
El choque de las llaves que caen en el mueble, mi maleta invisible ante la silla donde descansa. Me llevan a una oscuridad más apacible, aún más lejos de donde estoy y recorro un gran tramo de negrura. Mientras el crujir del piso me acompaña, el viento que entra a mi casa por la ventana y las persianas que bailan al son de este que no termina de llegar.
Casi al final entro a mi destino y te encuentro entre sábanas delgadas que acarician tu cuerpo desnudo junto al viento se presenta en un vaivén. Tu dentro de esas sábanas blancas te respiro, me relaja. Envuelto en la voz de segunderos, uno tras otro sin detenerse, camino y me siento sobre la cama sin vestido y el nuble de queja de la interrupción del silencio. Te despierto.
Sentado sin verte, solo miro tus pies tan pequeños. Se mueven, te miro y me sonríes. Me invitas a tu aposento. Con una calma te persigo y es de donde tu sonrisa me alimento.
Delicadamente rozo mis labios con tu piel, de tus pies, de tus piernas, de tu sexo, tu abdomen, tus senos, tu cuello y tus labios, te sueño. Y con esta noche a puerta cerrada espero lo ruidos de mañana contiguos a esta noche, con ese sonido tan secreto que ni el viento, siendo testigo, sabe escuchar.
El choque de las llaves que caen en el mueble, mi maleta invisible ante la silla donde descansa. Me llevan a una oscuridad más apacible, aún más lejos de donde estoy y recorro un gran tramo de negrura. Mientras el crujir del piso me acompaña, el viento que entra a mi casa por la ventana y las persianas que bailan al son de este que no termina de llegar.
Casi al final entro a mi destino y te encuentro entre sábanas delgadas que acarician tu cuerpo desnudo junto al viento se presenta en un vaivén. Tu dentro de esas sábanas blancas te respiro, me relaja. Envuelto en la voz de segunderos, uno tras otro sin detenerse, camino y me siento sobre la cama sin vestido y el nuble de queja de la interrupción del silencio. Te despierto.
Sentado sin verte, solo miro tus pies tan pequeños. Se mueven, te miro y me sonríes. Me invitas a tu aposento. Con una calma te persigo y es de donde tu sonrisa me alimento.
Delicadamente rozo mis labios con tu piel, de tus pies, de tus piernas, de tu sexo, tu abdomen, tus senos, tu cuello y tus labios, te sueño. Y con esta noche a puerta cerrada espero lo ruidos de mañana contiguos a esta noche, con ese sonido tan secreto que ni el viento, siendo testigo, sabe escuchar.
31/05/2014