-Una boca tratando de succionar el vidrio se posaba frente a mí. Se
veía una gran protuberancia y unos dientes amarillos y que, con lo opaco del
vidrio no se distinguía lo que ofrecía ver esa gran boca, aunque si distraía
eran los enormes cachetes de sapo que se inflaban y desinflaban frente a mí. Yo
solo me quedé pasmada. Ni el metro ni la puerta del vagón se abrían. Yo
esperaba que se abriera. Mientras el sapo seguía inflando sus cachetes. Un
minuto pasé contemplado aquella escena sobre la puerta del vidrio. Llegó el
metro pero no abrió nada, solo continuó su viaje sin siquiera descargar los
pasajeros en la estación actual. Todas las personas reclamaban la partida del
metro, yo solo me quede mirando de frente como si aun estuviera el vagón
enfrente mío. Y después solté una carcajada. Luego luego tuve que dejar de
reir, los que estaban a mi alrededor se me quedaron viendo. Yo solo me cubrí la
boca con mis manos, tenía mucha pena y no dejaba de reir. Cerré los ojos de
vergüenza. Sentía sus miradas.-
-No pasó mucho tiempo y llegó otro metro, medio vacío y seguí con la
rutina. Desde hace dos estaciones recuerdo todo ese momento. Es la única forma de que pase el tiempo tan
largo, lo mejor será ahora cuantas estaciones faltan para bajar. <<Aún
quedán 12>> Mejor sacaré un yogurth.-
La chica sacó de su bolso su bebida tranquilamente, parecía que lo
tenía preparado para la ocasión, no tardó mucho en encontrarse con su mano y la
rosca de la tapa para abrirlo. Pero al parecer la facilidad había terminado. No
podía abrirlo. Estaba muy atascada la tapa. Sintió pena de nuevo de que la
vieran por como le era imposible destapar un yogurt. El vagón se había
encontrado con mas pasajeros en la estación siguiente a la que subió la chica,
estaba medio lleno. Y a su vez, el trayecto estaba dificultoso, no del típico
que se detiene unos minutos y se queda sin avanzar, sino del que el vagón
empieza a brincar y si no estás bien sujeto puedes caerte o empujar a alguien.
Ella tenía miedo de que se le salpicara todo y embarrara el líquido en toda su
ropa. Una vez que se aseguró que había terreno libre para dárselas contra la
rosca de la tapa. Hizo una mueca y sacó su lengua. Aplicó mucha fuerza y en
cuestión de segundos se abrió.