Escritos y notas inspirados dentro de la vida de un estudiante universitario.
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jueves, 28 de agosto de 2014
Uno a uno.
Hacía un gesto de cansancio. Empezó a abrir la llave izquierda del agua. Sus pasos, eran cada vez más lentos. Apenas comenzaba el día. Mientras una gota tras otra caía. Debí haber traído los otros zapatos. Debí haber ido a la escuela. Primero es ella, después yo. Pero hoy es necesario. Necesito terminar el día. El agua de la regadera empezó a caer al tercer giro de la llave; estaba fría. No se inmutó se concentraba en el momento. Quería venir al parque y ver lo balones que habían puesto. dijo con admiración. No era momento para pensar en asuntos escolares aunque hoy hubiese exámenes. de ti. El espejo me miraba al frente mío. Odio que me miren. Siento cuando lo hacen y me provocan voltear y justo en el momento que veo de donde proviene la mirada este me esquiva. Siento esa mirada y nos e que es más molesta, si ella o los zapatos. Los gestos se presentaban con más frecuencia. El camino es más largo con los tacones pero pronto llegaré a la estación. Ya quiero descansar. Siento esa mirada de nuevo. El piso es empedrado y liso, debes fijarte bien donde pisas para no caerte. Su frente había chocado contra el plano y este estaba hecho pedacitos, sin reaccionar aun sentía la mirada, alzó la vista y ahora eran miles de ojos, unos más pequeños que otros. Uno de los tacones, sin percatarse, entró en la junta de dos guijarros que adornaban el piso, su pié bailó y ella tambaleó completamente sin caer; entre un paso y otro, el zapato quedó libre de su ama. El pie quedó descalzo y ella, casi arrodillada con sus manos sostenidas sobre sus rodillas, solo río. Los pies bañados y descalzos tornaron poco a poco a entibiarse. El estrés estaba al límite. Un problemático día pudo haber terminado, al menos el bebé está bien, ella esta bien, es lo primero que me importa. Todo fue tan rápido que no sabía si sobrevivirían mis rodillas a esto. Menos mal supe balancearme. Es increíble como todo pasó en un día. Primero ella y después fue. Desde aquí, puedo ver el sitio de la caída. Se imaginó y aún sonrió de ello. Ya pasaron tres camiones llenísimos, es relativamente tarde, no importa creo que ya pasó todo. No se cuando tomaré ese camión. El próximo será, ya no importa el tiempo solo quiero llegar a casa. Sintiendo el agua fría.
A pesar de la rutina del transporte de todos los dias, en la misma ruta, esta fue diferente. Me sofocan las altas temperaturas. Creyendo que los gestos no regresaban seguían apareciendo sobre el rostro; mordía parte de su labio, en respuesta de la resignación del tiempo, el lugar, las circunstancias. No podía ser más problemático este día. Seguía aun mordiendo el labio, ahora era el inverso provocando girar la cabeza. Sentía una delgada capa de sudor. Detuvo los movimientos tomando atención em alguien. Debía permanecer inmóvil. La primer gota de agua recorría su cuello. La seguía con la mirada, sentía el impulso de voltear, devolver la mirada. Solo fue el disimulo y volteé. Estaba tan cerca. De nuevo mordió el labio. ¿De vergüenza? ¿De deseo? Regresé la mirada hacia su cuello desnudo. Solos sus ojos me esperaban. Me vio. Evadí sus ojos. Volteé la vista hacia abajo, hacía un lado. Como si no me importara. Esa era la mirada. Nos acompañaba en el silencio del caos, la agitación del transporte. Me acerqué. Era fácil darse cuenta. La distancia entre nosotros cada vez era más cerca. Su codo rozó mi brazo. Su delicada piel hizo cerrar mis ojos. En un instante. Mi reacción fue levantar la mano para separar el roce de su piel con mi piel. Estábamos demasiado juntos. Y al tomar el brazo. No se separó, No se soltó. No me miraba. Un aroma dulce nos separaba. Su respiración se agitaba. El camión tornaba en un giro de noventa grados. Nuestros músculos se tensaban en el movimiento. Apretaba la mano. Apretaba mi brazo. El miraba mis labios. Miraba sus ojos. Esperaba el movimiento brusco. Cerré los ojos. Me acerqué lo suficiente. Su labios casi tocaban los míos. Me soltaba. Me atrapó. Tan pequeños y carnosos. Sentía todas las miradas a ritmo de camino. De un movimiento lento a otro. ¿Y el bebé? Con los ojos entreabiertos sentía. Recordar ese momento. Sobre mi rostro aún corrían gotas de agua. Este único momento de sentir todas las miradas. Sin querer voltear. Sin poder voltear a verlas. Enfrentarlas. En la regadera desde mi cabeza. Una a una. Gotas de sangre caían. Sobre los trozos caídos del espejo roto. Esos ojos me miraban. ¿Cómo lo explico? Regresa mañana. ¿Y el bebé? Sólo un día más. Tengo que regresar con los míos. Ha sido un día largo para ti. ¿Y tu frente, por qué sangra? Mi hermana dijo que está todo bien, mamá está con ellos. Te encontré de nuevo... Solo un día más.
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